Acaba con el estres tu mismo 0
Sigue estos sencillos 20 trucos que no cuestan nada y verás cómo el nivel de estrés se reducirá a
la mitad en breves momentos.
Para la medicina naturista la respuesta es afirmativa. Para ahuyentar a este inseparable devorador de
nervios, que cada vez invade más parcelas de nuestra vida, basta con aplicar algunas técnicas
sencillas, como darse un breve automasaje, respirar hierbas aromáticas, aflojar los músculos del
cuerpo, poner las cosas sobre el papel o aprender a decir "NO".
Despertador, ducha, desayuno, ropa, atasco, cigarrillo, oficina, bar, supermercado, televisión, cena,
sueño inquieto. Y al día siguiente, vuelta a empezar la carrera cotidiana, a toda prisa, sin descanso,
sin parar. Es el vertiginoso ritmo de vida de las ciudades, que desencadena uno de los cuadros más
frecuentes en las consultas médicas y psicológicas, el omnipresente estrés.
Cuando el estrés invade nuestro sistema
“Cuando el estímulo del estrés invade los canales nerviosos y energéticos del organismo, éste puede
acabar por responder negativamente y pasar una factura importante a la salud, en algún momento de
la vida”, señala a EFE-Reportajes el doctor Santiago de la Rosa, médico naturista, homeópata y
acupuntor, autor del libro “El estrés, conózcalo y sepa tratarlo” (Septem, 2004).
“Cuando padecemos estrés o sus secuelas podemos notar una serie de síntomas que van desde
nerviosismo, preocupación, ansiedad, fobia y neurosis de ansiedad, hasta miedo, fatiga crónica e
insomnio: una cascada de acontecimientos que nos afectan diariamente y muy de lleno, sin que lo
percibamos aún, en muchas partes del organismo”, explica el experto.
En su última fase, llamada de extenuación, los síntomas del estrés se manifiestan como
enfermedades, debilidad, dolor de cabeza, adelgazamiento y estados depresivos. Caen los niveles de
vitaminas, minerales y oligoelementos en el organismo, comienza a dañarse el sistema inmunitario y,
si no se remonta la situación, se entra en el Síndrome de Fatiga Crónica ó SFC.
“El SFC es la enfermedad o manifestación patológica más conocida del final del estrés, aunque en
algunas personas, sobre todo mujeres, se puede imbricar con otro padecimiento denominado
fibromialgia, una combinación de dolor muscular, cansancio y depresión”, señala el doctor De la
Rosa.
20 Remedios naturales para días fatales
¿Podemos acabar con el estrés antes de que acabe con nosotros?. Para este médico naturista la
respuesta es afirmativa, “siempre que uno se lo proponga” y para conseguirlo propone los
siguientes antídotos naturales contra este epidemia silenciosa:
· Imagine una situación de calma.¿Hierve por dentro?. Imagine que está en una ducha caliente y el agua se lleva las tensiones. Respire hondo tres veces e imagine que está en un prado, arroyo
o playa, fijándose en los detalles: los pájaros cantan, las olas susurran, las flores se abren.
Parece una obviedad, pero no lo es.
· Aplíquese un breve automasaje. Es algo sencillo: masajee la palma de su propia mano
haciendo un movimiento circular con el pulgar de la otra. ¡Y recuerde que cada vez existen más
aparatos de automasaje para utilizarlos en otras zonas del cuerpo!.
· Busque en la homeopatía. Este sistema curativo aplica a las enfermedades, en dosis mínimas,
las mismas sustancias que en mayores cantidades producirían los síntomas del mal que se
quiere combatir. Algunos estudios aseguran que la homeopatía es muy eficaz para aligerar los
trastornos de ansiedad. Hay diversos tratamientos que se pueden adquirir en farmacias,
consultando siempre antes a un médico homeópata.
· A mal tiempo buena cara. Al reírse se trasmiten impulsos nerviosos de los músculos faciales
hacia el sistema límbico, un centro emocional clave en le cerebro, restableciendo el equilibrio
neuroquímico y contribuyendo a que la calma vuelva a un sistema nervioso pasado de
revoluciones. Sonreír nos ayuda a estar mas relajados y, por tanto, a ser más felices.
· Encare los problemas con decisión. Ponerse en el papel de víctima agrava la sensación de
estrés y desamparo. Es mucho mejor adoptar una actitud positiva y resolver los problemas de
forma decidida. Si cancelan su vuelo no se autocompadezca; consiga otro. Si en su oficina hace
demasiado frío o calor no sufra en silencio; consiga que arreglen la climatización.
· Ponga las cosas sobre el papel. Escribir un problema ayuda a distanciarse de éste. Divida una
hoja en dos partes: en la izquierda apunte los factores estresantes de su conflicto que puede
cambiar, y en la derecha, los que no está en su mano modificar. Concéntrese en los primeros; es
inútil angustiarse por aquello que no se puede resolver.
· Respire hierbas aromáticas. La naturaleza ofrece sedantes en abundancia, que nos llegan a
través del olfato. Los aceites de anís, albahaca, laurel, manzanilla, eucalipto, lavanda, menta y
rosa, son apaciguantes. Ponga unas piedras de sal de roca en un frasco pequeño y añada un par
de gotas del óleo elegido. Cuando llegue la tensión, abra el frasco y aspire: aliviará su estrés.
· Cuente hasta diez. Antes de responder, en un momento de estrés, conviene tomar distancia de
la situación y recomponerse respecto a ella. Es recomendable contar hasta 10 para evitar decir
algo de lo que luego nos arrepintamos. Jamás hay que tomar decisiones importantes en estado
de ebullición emotiva; hacen falta 24 horas para que “ese caldo adquiera la temperatura
adecuada”.
· Cámbiese al descafeinado. Nunca es tarde para dejar la cafeína, pero hágalo poco a poco,
porque retirarla de golpe puede provocarle un intenso dolor de cabeza. Si es necesario invierta
un mes en el proceso, vaya poco a poco. También le conviene probar los refrescos sin cafeína o
pasarse al agua con gas, la cual sacia el estómago y quita la sed sin contribuir a la efervescencia
de los nervios, a la cual siempre sigue el inevitable bajonazo.
· Pruebe a decir “no”. Es importante saber dar una negativa en determinadas situaciones.
Quienes tratan de hacerlo todo sin negarse a nada son los primeros candidatos al estrés, tanto
en las relaciones afectivas como en el trabajo. Establezca sus límites y no intente complacer a
todos. Siempre es posible negarse de forma educada, sencilla y clara.
· El calor y la oscuridad reconfortan. Mientras que el frío y la claridad pueden crispar en
ciertos momentos, sus opuestos son relajantes. Frote las manos enérgicamente hasta calentarlas
y colóquelas formando un hueco sobre los ojos durante cinco segundos. Mientras, respire
profundamente. Su tensión interna cederá un poco.
· Recurra a la acupresión. Esta técnica oriental estimula los mismos puntos que la acupuntura,
pero con los dedos en lugar de agujas. Es recomendable presionar tres puntos: el “tercer ojo”,
situado donde el puente de la nariz se une con la frente; el “pilar celeste”, por debajo de la base
del cerebro; y el “rejuvenecimiento celestial”, entre la base del cuello y la parte exterior del
omóplato. Respire hasta el fondo y presione fuerte durante dos o tres minutos. Por raro que
parezca, da resultado.
· Afloje los músculos. Muchos expertos en relajación aconsejan un rápido ejercicio que ayuda a
aflojar el cuello y la parte superior de la espalda. De pie o sentado, estire los brazos a ambos
lados del cuerpo, y sacuda las manos enérgicamente durante 10 minutos. Si a la vez respira
hondo, el beneficio será mayor. La musculatura agarrotada se liberará un poco, llevándose
parte de sus tensiones.
· Tenga hidratos de carbono a mano. Los alimentos ricos en carbohidratos estimulan la
liberación de serotonina, una sustancia del cerebro que produce bienestar y calma. Pierda el
miedo al pan y los croasanes. Una barrita dietética de cereales o una ración de müesli, pueden
bastar para sentirse un poco mejor, pero sin abusar, porque en exceso estos alimentos pueden
engordar.
· Confíe en las vitaminas. Se recomienda a los estresados tomar a diario un compuesto que
contenga entre el 100 y el 300 por ciento de la dosis recomendada de vitamina B, además de
minerales como calcio, magnesio, cromo, cobre, hierro, manganeso, molibdeno, selenio y zinc.
Si el estrés es ligero, tome frutas, verduras y legumbres variadas. En cuanto a las frutas, son
preferibles las manzanas, melocotones, peras y ciruelas, ya que las ácidas no le sientan bien a
algunas personas, por la mañana.
· Practique el sexo. Así aumenta la producción de endorfinas, unas sustancias químicas
cerebrales que mejoran el ánimo. Si ha relegado el sexo a los últimos lugares en su lista de
opciones, adelántelo unos cuantos puestos. Es uno de los mejores relajantes para todo el
organismo y desestimarlo es un ataque a su vitalidad.
· Dé una oportunidad a las infusiones calmantes. La manzanilla y la tila son las infusiones
calmantes por excelencia, pero no las únicas: también puede probar una taza humeante de
pasiflora, melisa o amapola. Pida sugerencias en su herbolario y recuerde que conviene dejar reposar la tisana diez minutos antes de tomarla. En algunos casos, como la tila, su poder sedante es mayor si se bebe a temperatura ambiente.
· Escuche música clásica. Estudios recientes han demostrado que la música, siempre que sea
tranquila y armoniosa, no frenética, consigue desde desacelerar el ritmo cardiaco hasta
aumentar la producción interna de endorfinas. Hay temas especialmente recomendables: el
aria en “la” para cuerda de Bach, la sinfonía pastoral de Beethoven, el nocturno en “la” de
Chopin y la música acuática de Haendel.
· Aprenda a concentrarse con intensidad. Es inútil aprender técnicas de relajación para
combatir el estrés si no sabe concentrarse en ellas. Estar atento a cuanto sucede alrededor,
puede poner los nervios de punta. Busque un instructor y haga ejercicios por su cuenta: pruebe
a centrarse en un objeto, su color, peso o sabor, y olvide todo lo demás durante unos minutos.
· Apóyese en sus seres queridos. Compartir los problemas con la familia o los amigos, ayuda a
verlos desde otra perspectiva y aportar nuevas soluciones. Es fundamental sentir que las
personas que le importan están cerca suyo, y le demuestran su solidaridad. La comunicación y
el contacto con la gente aumentan la autoestima y las ganas de vivir. Cuando ataque el estrés
busque un hombro donde apoyarse, ya recuperará su autonomía.